miércoles, 16 de julio de 2014

"INTÉNTALO"

Por Inspiración Femenina



Les sugerimos escuchar la siguiente canción titulada "Try" de Colbie Caillat y ¡presten atención a la letra!. Nos alegra que esta artista tan escuchada por las jóvenes dé un mensaje como éste en su canción.


Inténtalo from Chelo Arancibia on Vimeo.

sábado, 28 de junio de 2014

BELLEZA DESIGUAL

Por Inspiración Femenina



Una periodista freelance llamada Esther Honing se toma una fotografía y se la envía a diversas personas por el mundo-de diferentes países-para que la retoquen según los criterios de belleza de cada lugar.

Aquí les dejamos el link para que pueden observar los resultados:

http://www.buzzfeed.com/ashleyperez/global-beauty-standards?bffb

jueves, 12 de junio de 2014

Tú haz la comida que yo cuelgo los cuadros... Las trampas de la igualdad/desigualdad

Por Inspiración Femenina Tian

Nos llama la atención un artículo que comenta un libro, ambos de autores masculinos, en el que se pone en evidencia cómo en nuestra sociedad patriarcal, las reformas y los avances de lo femenino son muchas veces las trampas que nos ponen para seguir manteniendo el orden establecido.
Octavio Salazar como articulista y Miguel Lorente como autor del libro 'Tú haz la comida que yo cuelgo los cuadros', son dos ejemplos de varones que han entendido que la auténtica liberación femenina pasa por que los varones renuncien a su hegemonía, y que con ello no sólo las mujeres saldremos beneficiadas, sino también ellos que, aunque en aparente posición de superioridad, no dejan de estar en la jaula que ellos mismos han forjado.
Les dejamos el link en el que pueden leer los comentarios de Octavio Salazar al libro de Miguel Lorente:

http://blogs.elpais.com/mujeres/2014/06/tú-haz-la-comida-que-yo-cuelgo-los-cuadros.html q

martes, 3 de junio de 2014

REENCONTRANDO MUJERES OLVIDADAS POR LA HISTORIA. "Segunda entrega". Mujeres Filósofas

Por Clara Restrepo



En el artículo anterior habíamos compartido la vida de Maria Gaetana Agnesi, una de las muchas mujeres olvidadas por la historia, hoy nos hemos encontrado uno de esos tesoros de la literatura que no podemos dejar de compartir aquí en la Red, es un texto de Umberto Eco, semiólogo y gran escritor. Este fragmento lo dedica a las mujeres olvidadas, filósofas y juristas.
Debido a la dificultad de su traducción os dejamos una buena reseña del texto, en el cual viajando por la historia hace mención a varias mujeres filósofas sobre todo de la época clásica, y nos cuenta un relato sobre la historia de las mujeres de la facultad de leyes de la Universidad de Bologna. Adjuntamos el link del original en italiano, para quien pueda estar interesado en leerlo en la versión original.

En el siglo XIII Bettissia Gozzadini recibe lecciones de derecho en la Universidad de Bologna, y fue probablemente la primera mujer en enseñar en un Ateneo. Según dice la leyenda, para poder seguir los estudios de derecho (y con gran éxito, a punto de que sus maestros la habían definido como “monstruo excepcional”) tuvo que asistir a los cursos vestida de hombre -nos parece extraño dado el hecho que un siglo antes y vestida de mujer, asistía a las lecciones parisinas dictadas por Pedro Abelardo la famosa Eloisa-.

Según cuenta la leyenda se dice que Bettisia era tan hermosa que para no molestar a los estudiantes que asistían a sus lecciones en gran número debía dar sus clases cubierta con un velo, leyenda que también circula en torno a la segunda mujer que también dio clases de derecho en Bologna pero un siglo después: Novella d´Andrea, hija de un profesor de derecho canónico, recibió su formación en la escuela de su padre y daba las lecciones de este en sus ausencias, de frente a una multitud de estudiantes, y se dice que también ella se cubría con un velo o según otras leyendas detrás de un biombo.

Sea como hayan sido las verdaderas historias, la leyenda nos quiere decir, que enseñar y hablar en público, para una mujer, no era una experiencia de todos los días ni la sociedad del tiempo habría podido dejar pasar el evento en silencio.

No han dejado obras escritas que las haya llevado a la posteridad y solo la fantasía popular ha logrado mantener la historia viva. Pero estas dos mujeres no han sido las únicas que han corrido con la suerte del olvido, obligadas a velar su propio ingenio.

Las historias y las crónicas han sido indulgentes con las poetisas y las místicas, con las emperatrices y las cortesanas, desde Aspacia a Teodora, de Cristine de Pizan a Maria de Francia, de Caterina de Siena a Hildegarda de Bingen. Pero aparte de estas dos mujeres que hemos mencionado -Bettisia y Novella- poco se sabe de mujeres filósofas o mujeres matemáticas. La misma suerte han tenido las pintoras, aparte de Rosalba Carriera o Artemisia Gentileschi, esto se puede explicar debido al hecho que en un principio la pintura se realizaba en los frescos de las iglesias y no estaba muy bien visto que una mujer se subiera a un andamio a pintar con la falda, de la misma manera no sería fácil imaginar a una mujer a cargo de un taller con 30 aprendices hombres, pero en cuanto se ha empezado a realizar la pintura en caballete las mujeres pintoras salieron a la luz.

En 1690 Menange, un latinista preceptor de Madame de Sevigné y de Madame de Lafayette publicó un “Mulierum philosopaharium historia” – “Historia de mujeres filósofas”- aunque el libro es dedicado solo a la edad clásica presentaba una serie de figuras apasionadas como Diotima la socrática, Arete la cirenaica, Nicarete la megarica, Iparchia la cínica, Teodora la peripatética, Leonzia la epicúrea, Temistoclea la pitagórica, pero la lista no se terminaba aquí, porque Menange revisando libros antiguos y obras de los padres de la iglesia encontró al menos sesenta y cinco mujeres filósofas. Si se piensa que en la sociedad griega la mujer estaba confinada a los muros domésticos, y que para poder gozar de un reconocimiento público la mujer debía ser una cortesana, se puede entender el esfuerzo que han tenido que hacer estas mujeres pensadoras para poderse dar a conocer y afirmarse como filósofas. Dentro de las cortesanas cabe mencionar a Aspacia, versada en retórica y filosofía y que Socrates la frecuentaba con interés. Revisando tres enciclopedias filosóficas de nuestros días, de estos nombres solo hemos encontrado a Ipazia, también se menciona a Diotimia atribuyendo todo el crédito de su fama a Platón.

Curiosamente se encuentra más información en Wikipedia que en las enciclopedias filosóficas en donde se pueden encontrar a Nicarete de Megara o Leonzia que para poder filosofar en libertad eligieron la profesión de Etarias.

En el “Mullierum Philosopharium”, el autor considera también filósofa a Temistoclea que era sacerdotisa de Delfos y se dice que era la inspiradora de Pitágoras.
Para culminar, mencionar a Iparchia de Maronea que en la Antología Palatina deja este texto para la posteridad: “Yo, Iparchia, no elegí los trabajos de mujeres de amplias vestimentas, elegí la dura vida de los cínicos, no tuve chales adornados con hebillas, ni calzados orientales, ni redes esplendorosas para los cabellos, pero tuve una alforja y un bastón, compañeros de viaje y apropiados a mi vida, y una manta para las heladas”. Fue reprochada por haber abandonado los trabajos de los telares a lo cual respondía que empeñó su tiempo en su propia educación en lugar de desperdiciarlo en los telares. Se dice que debido a su apariencia parecía una mujer fea aunque no lo era, no tuvo que cubrirse con un velo como las doctoras de Bologna. Como conclusión no es que no hayan existido mujeres filósofas, es que los filósofos y los juristas han preferido olvidarlas y quizás después apropiarse de sus ideas.

(Tomado del fragmento original de Umberto Eco para l´Enciclopedia delle Donne)

sábado, 31 de mayo de 2014

MUJERES, TRADICIÓN Y EXPRESIÓN ARTÍSTICA EN COSTA DE MARFIL

Por Inspiración Femenina


Las mujeres de la Costa de Marfil representan casi la mitad de la población del país y se las conoce por la gran capacidad de movilización y de hacerse escuchar que tienen. La mujer marfileña ocupa un lugar central en la sociedad.
Durante la crisis del 2002 jugaron un papel muy importante económico, político y social.  



Ante todo, ahí la mujer es considerada la fuente de la vida. En la tradición marfileña el rol central de la mujer es el de la procreación, el de dar la vida. Otro rol central que tiene es el de educadora. A los niños les enseñan los primeros gestos, a diferenciar el bien del mal, a conocer las reglas de la sociedad en la que se vive. A la joven le enseñan el futuro rol de madre, el arte culinario, el arte de la vestimenta, el comportamiento social. A las adolescentes les educan sexualmente . Al hombre le enseñan la resistencia, el respeto hacia los demás…
De todas formas las mujeres de esta sociedad tradicional no se conforman con las funciones ligadas a sus roles. Ellas tienen y disfrutan de un importante rol económico y artístico.






El arte para las mujeres marfileñas tradicionales es sin duda uno de los medios más importantes por el cual se capta las múltiples facetas de la mujer. Toda mujer nace artista.
No sólo es artista por sus conocimientos técnicos, si no también por su saber estar. También es modelo y fuente de inspiración para otros artistas.



Las mujeres de la sociedad tradicional son ceramistas, hilanderas, tintoreras, pintoras,  y practican el arte de la cestería. También dominan el arte de la palabra y la adivinación. Son cuentistas, sacerdotisas. Conocen todos los secretos de la danza y la música.
Estas mujeres encarnan la belleza.






Para más información les recomendamos que le echen un vistazo al libro ARTS au féminin en Côte d'Ivoire.

lunes, 19 de mayo de 2014

REENCONTRANDO MUJERES OLVIDADAS

Por Clara Restrepo
 
 
Han existido grandes mujeres en la historia, que a causa de pertenecer al género olvidado también se han olvidado sus biografías. Afortunadamente en el incipiente resurgir de una nueva Humanidad en Femenino se están dando pequeños grandes pasos por parte de diferentes grupos y organizaciones. Dentro de estas manifestaciones están apareciendo biografías olvidadas de grandes mujeres que han hecho historia.
Existe toda una época histórica, el siglo XVII en el cual proliferaban libros escritos por mujeres, generalmente en estilo epistolar en los cuales narraban sus biografías y sus experiencias. Es así como gracias al rescate de estas podemos conocer sus vidas, sus experiencias y las enseñanzas que como mujeres de hoy Siglo XXI podemos aprender de ellas.
Nos hemos encontrado con biografías verdaderamente alucinantes que nos han conmovido por su fuerza, por su determinación, por las vidas que han llevado, pero quizás una que nos ha llegado a las entrañas es la vida de María Gaetana Agnesi, matemática italiana del siglo XVII.
En la Nota Cultural del martes pasado en Comunicaciones Tian hicimos la reseña de su biografía, y casualmente el Doodle del buscador Google del 17 de Mayo fue dedicado a ella. Recibimos esta noticia con alegría, porque pensamos que se está empezando a dar reconocimiento a grandes mujeres olvidadas que han hecho parte de la historia, la cultura y la ciencia y que han realizado grandes aportes al mundo de hoy.

Como anotación "curiosa", uno de sus grandes aportes a las matemáticas es una curva, que debido a la equivocación de la traducción al inglés se la tradujo como "bruja", es así como se conoce en las matemáticas a esta curva como "la Bruja de Agnesi"... 
La triste historia de María Gaetana nos ha conmovido porque a pesar de haber sido una niña prodigio, genio de las matemáticas, políglota -a los 9 años ya sabía 7 idiomas- escritora, traductora, filosofa… su vida estuvo siempre marcada por la figura de su padre que de pequeña la exhibía como "animalito" de circo y en su adolescencia y juventud -muerta su madre- se tuvo que dedicar a cambio de su libertad para no ser casada o recluida en un convento, a la educación de sus 19 hermanos y el cuidado de su padre. No fue sino hasta la muerte de este cuando ella tenía 34 años que consiguió su libertad, se retira de la vida pública y se dedica al cuidado de mujeres pobres y enfermas en un hospicio de la ciudad de Milán. Allí vivió el resto de su vida hasta el momento de su muerte cuando tenía 91 años.
Lo que nos conmueve es el hecho de que si hubiera sido un hombre se le habría dado un gran reconocimiento por sus aportes sobre todo a las matemáticas, pero Gaetana debió pagar por la culpa de haber nacido mujer en un mundo de hombres y esperar 300 años para que el mundo supiera que alguna vez existió.

http://www.ideal.es/diamundial/doodles/maria-gaetana-agnesi-bruja-trae-curva-doodle-google-201405160001.html

martes, 22 de abril de 2014

LA FOTOGRAFÍA DESDE EL ANONIMATO

Por Inspiración Femenina
Esta es la historia de una mujer anónima, de una fotógrafa de alma, pasión y vocación, que nunca pretendió el triunfo ni la gloria, pero que en su anonimato supo retratar la vida. Vivian Maier, de profesión niñera, y de vocación fotógrafa, fotografió la realidad de su época en los años 30’s estadounidenses, y ha sido redescubierta  actualmente gracias a la venta de una caja llena de negativos en un mercadillo olvidado.
Creemos que es una historia tan femenina, tan de mujer y, a la vez, tan asombrosamente misteriosa, que queremos compartirla con vosotr@s.
Aquí os dejamos este artículo del diario español EL PAIS:

 

En busca de Vivian Maier

Un documental descubre los tesoros de esta fotógrafa infatigable dedicada al cuidado de niños

Cada retrato de Vivian Maier ahonda en su secreto en lugar de disiparlo. / Cortesía de Howard Greenberg Gallery (Nueva York).


La novela de la vida de Vivian Maier está llena de páginas en blanco. Vivian Maier se llevó su secreto a la tumba, pero dejó más pistas que nadie sobre su identidad escondida. Dejó más de cien mil negativos fotográficos tomados a lo largo de más de cuarenta años y no revelados nunca. Dejó películas en super 8, cintas magnetofónicas de conversaciones con desconocidos, docenas de sombreros, pares de zapatos, vestidos, abrigos, prendas de ropa que solo descartaba cuando estaban muy gastadas pero que no tiraba nunca; dejó facturas, recibos, billetes de tren, entradas de cine, tubos de rollo de película que contenían dientes de leche de los niños a los que había cuidado o monedas o botones o chapas con consignas políticas; dejó cartas guardadas con cuidado en sus sobres de origen después de leídas, y cartas no abiertas nunca; dejó varias cámaras Rolleiflex que había usado para tomar sus fotografías; dejó sobre todo cajas de cartón y maletas llenas de recortes de periódicos y de periódicos enteros, sobre todo ejemplares que tuvieran en la primera página titulares de crímenes, o que contuvieran noticias de violaciones, de raptos, de asesinatos estrambóticos, de desgracias horrendas. Dejó recuerdos variados y contradictorios en las familias para las que había trabajado como cuidadora de niños durante unos cuarenta años, en Nueva York y sobre todo en Chicago. Se conformaba con salarios muy bajos, pero en cada casa en la que servía reclamaba el derecho a poner un candado en la puerta de su habitación. Parecía no tener familia y carecer por completo de otra vida que no fuera la que dedicaba a su trabajo. Siempre salía llevando al cuello su cámara de fotos, que era un rasgo de su presencia personal tan invariable como sus grandes abrigos o gabardinas, sus sombreros de alas caídas, sus camisas masculinas, sus faldas como de monja de paisano, sus zapatos negros y austeros de tacón bajo. Todos los dueños de las casas en las que vivió y todos los niños a los que cuidó la vieron siempre con la cámara, pero nadie mostró jamás la menor curiosidad por saber lo que hacía con ella. Tampoco ella hizo, que se sepa, el menor esfuerzo por mostrar el resultado de una tarea en la que ponía los cinco sentidos, que llenaba sus horas de caminatas solitarias por la ciudad en sus días o tardes libres y de la que seguía ocupándose incluso cuando sacaba a pasear a los niños a su cargo. El secreto de Vivian Maier es doble, porque no se sabe qué la impulsaba a tomar fotos sin cesar ni cuál fue su formación, pero tampoco se sabe por qué eligió mantener secreta una afición que le importaba tanto y para la que tenía tanto talento. En los cajones de papeles y de toda clase de materiales que acumuló Vivian Maier a lo largo de su vida no hay ni un solo testimonio, ni una carta, ni una reflexión, ni un solo indicio de sus ideas sobre la fotografía. Llegó a imprimir solo unos pocos negativos, probablemente por falta de dinero. Se jubiló ya mayor y dejó casi todo lo que había acumulado a lo largo de la vida en cuartos trasteros o garajes de sus antiguos patronos. En 2007, un historiador aficionado de 27 años, John Maloof, compró más bien por azar unas cajas de negativos que encontró en uno de esos mercadillos que son el recuelo y el último muladar de las vidas anónimas, los almacenes en los que va a parar lo que ya no es de nadie y lo que no quiere nadie, las bibliotecas y las colecciones de los muertos, sus fotos familiares y sus documentos de identidad y sus cartas de amor y los cuadritos que tenían sobre las repisas y los zapatos de charol cuarteados y endurecidos de niños que están muertos.
Imprimió solo unos pocos negativos. Se jubiló y dejó casi todo lo acumulado en cuartos trasteros o garajes de sus patronos
Maloof compró el archivo porque costaba menos de trescientos dólares y porque al mirar por encima los rollos de película entrevió en ellos imágenes callejeras y cotidianas de Chicago. Poco a poco fue cobrando conciencia del tesoro que había encontrado y de su extensión abrumadora. Parecía que aquella mujer de la que no sabía nada y de la que no encontraba rastros ni siquiera en Google no había parado nunca de caminar por ahí haciendo fotos y preservando todo lo que caía en sus manos. Cada nuevo negativo que revelaba era un deslumbramiento. Vivian Maier era el resumen de toda la gran fotografía americana del siglo XX y al mismo tiempo tenía una manera de mirar afiladamente suya, una sinuosa originalidad que escapaba de cualquier tentativa de clasificación. Juntaba el gusto por lo monstruoso cotidiano de Diane Arbus con la atención cordial a los juegos callejeros de los niños de Helen Levitt. Los borrachos tirados por las aceras, los locos ambulantes, las víctimas animales o humanas de la crueldad, forman una parte tan integral de su mundo como del de Weegee, pero en Vivian Maier hay compasión, o al menos una observación fascinada, y nunca sarcasmo. Estaba igual de atenta a lo extraordinario y a lo común. Miraba con el mismo asombro ecuánime al espanto y a la belleza.
Igual que quería guardar cada mínima huella material de su vida y cada periódico de cada día, parece que aspiraba a preservar cada imagen, cada cara, cada hecho con el que se cruzara en sus caminatas. Empujando carritos de bebé y llevando a niños de la mano se alejaba hacia los barrios más pobres, hacia los descampados industriales de los mataderos, y no le importaba abandonar una avenida luminosa para adentrarse en un callejón en el que podía tomar fotos de cubos de basura y de las chozas de cartones en las que se cobijaban los vagabundos. La cámara Rolleiflex le permitiría pasar más inadvertida, ya que la enfocaba a la altura de las caderas y no de los ojos, inclinándose para estudiar el visor. Vistas desde ese ángulo, de abajo arriba, las personas adquieren una presencia imponente, y el espectáculo de la calle se observa desde el lugar aproximado de la mirada de un niño.
Grande, austeramente vestida, con cara de vigilancia y de ensimismamiento, con un andar enérgico de braceos y zancadas, según atestiguan quienes la conocieron, con su cámara colgada al hombro y disimulada a plena vista, Vivian Maier encontraba muchas veces la imagen de una desconocida que era ella misma. Se sorprendía a sí misma, con esa extrañeza de quien se ve sin aviso y de golpe, viendo en una fracción de segundo no la cara que imagina que tiene, sino la que ven y conocen los demás, en el escaparate de una cafetería, en el cristal de una cabina de teléfonos, en un espejo que llevaba al hombro un empleado de una tienda, en el de un cuarto de baño. Hacía fotos de sí misma mirando al objetivo o eludiendo su disparo; retrataba su imagen en un escaparate y al mismo tiempo su propia sombra alargada. Cada autorretrato de Vivian Maier ahonda su secreto en lugar de disiparlo. Mira desde tan lejos en esas fotografías como un fantasma de ella misma que se pasea de incógnito entre los vivos, con la cámara al cuello.